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Cuando tu perro deja de disfrutar de la comida

Cuando tu perro deja de disfrutar de la comida

Hay perros para los que escuchar cómo abrimos el frigorífico es suficiente para aparecer en la cocina en cuestión de segundos. Otros esperan tranquilamente, pero saben perfectamente que se acerca uno de sus momentos favoritos del día.

Por eso, cuando esa relación con la comida cambia, merece la pena observar.

No me refiero únicamente a que un día nuestro perro deje parte de su ración. Hablo de conocer cómo suele comportarse y detectar que algo empieza a ser diferente: tarda más en acercarse, come con menos entusiasmo, deja parte de la comida de manera habitual o parece haber perdido progresivamente el interés.

Cuando tu perro deja de disfrutar de la comida, el cambio de comportamiento puede ser tan importante como el propio plato.

Como educadora canina, mi primera recomendación sería precisamente esa: observar antes de sacar conclusiones.

Señales de que tu perro ya no disfruta de comer

Cada perro tiene su propia manera de relacionarse con la comida. Por eso, más que compararlo con otros, resulta útil compararlo consigo mismo.

Podemos preguntarnos: ¿cómo comía hace unas semanas?, ¿se acerca igual al plato?, ¿ha cambiado la velocidad con la que come?, ¿deja comida cuando antes no lo hacía?, ¿muestra interés inicialmente y después se marcha?

En casa, convivir con perros diferentes me ha enseñado mucho sobre esto. Especialmente con Mamba, que ya es una perra muy mayor, he aprendido a no dar por hecho que lo que ayer funcionaba tiene necesariamente que funcionar hoy.

Su edad, su movilidad y sus necesidades han ido cambiando. Y eso me obliga a observarla y adaptar muchas pequeñas cosas de su día a día.

No se trata de estar permanentemente preocupados. Se trata de conocer a nuestro perro lo suficiente como para reconocer sus cambios.

Diferencia entre inapetencia y aburrimiento con la comida

Aquí debemos tener especial cuidado.

Una pérdida progresiva de interés no es lo mismo que un perro que de repente rechaza la comida por completo, especialmente si aparecen otros cambios como apatía, vómitos, diarrea, dolor, dificultad para comer o alteraciones importantes de su comportamiento.

La disminución o pérdida de apetito puede estar relacionada con diferentes problemas de salud. Por eso, ante un rechazo repentino o mantenido de la comida, o cuando existen otros síntomas, corresponde al veterinario valorar qué está sucediendo.

Y este matiz me parece fundamental: no deberíamos etiquetar rápidamente a un perro como “caprichoso” o asumir que simplemente se ha aburrido de su comida sin descartar primero que exista otra causa.

También pueden existir factores relacionados con el contexto y cambios en las rutinas. Por eso, observar el conjunto nos aporta mucha más información que mirar únicamente cuánto ha quedado en el plato.

Cómo recuperar el interés de tu perro por la comida

Una vez descartado con el profesional veterinario que exista un problema de salud cuando sea necesario, podemos mirar el momento de comer desde otra perspectiva.

¿Se ha convertido en una rutina excesivamente monótona? ¿Cómo es el ambiente? ¿Nuestro perro puede comer tranquilo? ¿Estamos respetando sus tiempos? ¿Hay algo que haya cambiado últimamente?

También podemos introducir variedad de una manera adecuada para nuestro perro.

En nuestro caso, propuestas como las diferentes recetas de Food for Joe nos permiten ofrecer distintas opciones dentro de una alimentación cocinada. Pero incluso aquí me parece importante no perder de vista al individuo: no se trata de cambiar constantemente para conseguir que coma a cualquier precio, sino de observar qué le resulta agradable y qué necesita.

También podemos presentar parte de su comida de otras maneras. Actividades sencillas de olfato, búsqueda o enriquecimiento pueden hacer que, para algunos perros, el alimento forme parte de una experiencia diferente. Siempre teniendo en cuenta su edad, estado físico, personalidad y preferencias.

Porque no todos necesitan lo mismo.

Y quizá esa sea la idea que más me interesa transmitir.

Cuando convivimos con un perro durante años es fácil automatizar sus cuidados: paseo, comida, descanso, paseo otra vez… Pero detrás de cada rutina sigue habiendo un individuo que cambia.

Observar esos pequeños cambios también es cuidar.

Y cuando tu perro deja de disfrutar de la comida, quizá la primera pregunta no debería ser “¿cómo consigo que vuelva a comer como antes?”, sino:

“¿Qué está intentando decirme este cambio y qué necesita ahora?”

A veces la respuesta estará en pequeños ajustes cotidianos. Y otras veces necesitaremos acudir a un profesional. Saber distinguirlo también forma parte de acompañar bien.

Con cariño.
Beatriz
Psicopedagogía Emocional

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